Cuando te tocan los huevos
Escrito por Unknown 8/21/2015
Todo el mundo está feliz hasta que le tocan los huevos. Me los tocaron, por eso me puse a escribir. Te los
toca la sociedad, el país, los curas, los amigos y hasta tu mamá. Hay un muñeco de peluche frente a mi cama que
me sonríe, creó que también él me los tocó. Tanto manoseo. Pocos orgasmos.
Me dejaron plantada, dos veces; su ausencia me tocó los
huevos. La sentí acariciándolos, apropiándose de ellos como manos creadas por
la brisita que se multiplicó desde su exhalación, bien lejos, en la puta
mierda.
También me gradué y no conseguí trabajo. Me puse los
galardones bajo el sobaco y me cubrí bien las pelotas para que la suerte me
acompañara. Me las cubrí tanto que creo que me las jalé… y entonces vi los azadones,
las palas, los fungicidas; los cultivos de maíz, cacao, cítricos y aguacate que
¡oh, en los hijos!, se desdibujaron
inexistentes de la experiencia de mi hoja de vida.
Entonces apliqué para que me admitieran en un programa de
máster; consiente, sin embargo, que entre más educación y menos trabajo,
acabaría dedicándome a otra cosa (las empanadas son ricas). La admisión era
automática porque, ya saben, “ser pilo paga”. Así estaba yo con el hielito en
las gónadas cuando sentí ese calorcito rico, esa rasquiñita que, ascendiendo
desde donde sabemos hasta la parte inferior del cortex cerebral, me estremeció
el cuerpo no tocado en más de 6 meses y me hizo soltar un gemidito involuntario.
Aquel gemido vibró, y se multiplicó -tan rico era- por sobre mis órganos sensoriales.
Y así, con una caricia estremecedora y disonante, susurró: “aquí no hay nada
para usted; pero siga no más, a la derecha (Sí,
por ahí…). Espero que encuentre otra maestría que le guste”.
Amigos con excusas. Palancas en reversa. Cinco. Cinco. Mujer
pepa. Mujer bonita. Mi semilla por ahí, sin encontrar quien la fecunde. Noches
en Cali, pero sin plata. Decenas de correos diseminados cual esperma. Aquí les
ofrezco mi catálogo de productos; mi dirección y mi teléfono. Ninguna carta de
intención. Prostituta sin clientela. Burócratas. Interesados. Amigos que te
quieren coger… Me dejaron plantada. Dijeron que me conseguirían trabajo y
llamarían a Bogotá para solucionar el problema de la admisión. Nada. Carita
feliz del what’s app. Un “lo siento” en visto. El plazo se acaba la semana
pasada, ¡ah, perdón! Ya se acabó.
Pailas.
Todo el mundo está feliz hasta que le tocan los huevos.

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