Escrito por
Unknown
8/23/2015
Me lo dice mi directora de tesis, me lo dice mi mamá;
incluso anhelosos pretendientes se han atrevido a decírmelo. Comentario que,
debo mencionar, es altamente eficaz para capturar mi atención y mi cariño hacia
el lado opuesto de la dirección en la que se aproximan. “Ya que tanto te gusta
escribir ¿Por qué no escribes algo de agronomía?
Ya, ya… bajen por favor las manos y dejen de protestar: hoy
saciare el deseo de todos aquellos que, de acuerdo con las personas mencionadas
anteriormente, predicen mis posibilidades de éxito mediante el uso de la
escritura creativa para redactar textos asociados a mi carrera profesional.
Permítanme hacer un esfuerzo, por favor, para saciar la curiosidad; y
discúlpenme si no alcanzo los lineamientos de sus expectativas:
Cuando sentí el suelo entre mis manos, saboreé su textura y
su consistencia. Con un movimiento de mis dedos, entre pulgar y los cuatro
restantes, formé una pequeña bolita.
–La textura es apropiada – le dije al agricultor con una
sonrisa – ¿por qué no intenta sembrar cacao? –.
El suelo se encontraba bastante mojado, rozando los límites de
plasticidad que imposibilitan las operaciones de labranza. Con aire meditabundo
y después de un suspiro contenido, le dije: –pero toca que empecemos la próxima
semana, cuando se drene un poco el suelo.
¡Ay! Ojalá la agronomía fuera tan fácil como determinar qué
tan mojada está la tierra.
Habíamos sembrado varios palos de cacao y el cultivo se
encontraba en la flor de su madurez reproductiva… literalmente. Había tenido que ir allí con la finalidad de
analizar la posibilidad de la fecundación artificial. No obstante, el cultivo
gozaba de excelentes condiciones. Pude observar la habilidad asombrosa con que
la perfección de sus flores se había abierto en la mañana, dejando entrever unos
espléndidos pero diminutos cuerpos amarillos sobre la base superior de las
anteras. Otros árboles de cacao, ávidos y lujuriosos, desnudaban sus pistilos ante
la sensualidad andrógina de sus variedades compatibles. Esta pérdida de todo recato enriqueció la
atmósfera con una sensación de impudicia que evolucionó hasta formar un
ambiente profuso y tangible de lujuria, cuyo éter se derramaba como grasa por
la piel de los trabajadores y los mosquitos.
Jamás antes se había hecho el amor de manera tan voraz y apasionada
en un cultivo de cacao. Fue quizás el influjo de esos miles de orgasmos los que
ocasionaron que meses después se alcanzara la cúspide de una producción jamás
antes vista. Contrastada, sin embargo, con el aumento poblacional de las chiches. Cuenta la leyenda que el chocolate
extraído de sus pepas resultó en un potente afrodisíaco que ratificó la
importancia del cacao a nivel nacional.
Escrito por
Unknown
8/21/2015
Todo el mundo está feliz hasta que le tocan los huevos. Me los tocaron, por eso me puse a escribir. Te los
toca la sociedad, el país, los curas, los amigos y hasta tu mamá. Hay un muñeco de peluche frente a mi cama que
me sonríe, creó que también él me los tocó. Tanto manoseo. Pocos orgasmos.
Me dejaron plantada, dos veces; su ausencia me tocó los
huevos. La sentí acariciándolos, apropiándose de ellos como manos creadas por
la brisita que se multiplicó desde su exhalación, bien lejos, en la puta
mierda.
También me gradué y no conseguí trabajo. Me puse los
galardones bajo el sobaco y me cubrí bien las pelotas para que la suerte me
acompañara. Me las cubrí tanto que creo que me las jalé… y entonces vi los azadones,
las palas, los fungicidas; los cultivos de maíz, cacao, cítricos y aguacate que
¡oh, en los hijos!, se desdibujaron
inexistentes de la experiencia de mi hoja de vida.
Entonces apliqué para que me admitieran en un programa de
máster; consiente, sin embargo, que entre más educación y menos trabajo,
acabaría dedicándome a otra cosa (las empanadas son ricas). La admisión era
automática porque, ya saben, “ser pilo paga”. Así estaba yo con el hielito en
las gónadas cuando sentí ese calorcito rico, esa rasquiñita que, ascendiendo
desde donde sabemos hasta la parte inferior del cortex cerebral, me estremeció
el cuerpo no tocado en más de 6 meses y me hizo soltar un gemidito involuntario.
Aquel gemido vibró, y se multiplicó -tan rico era- por sobre mis órganos sensoriales.
Y así, con una caricia estremecedora y disonante, susurró: “aquí no hay nada
para usted; pero siga no más, a la derecha (Sí,
por ahí…). Espero que encuentre otra maestría que le guste”.
Amigos con excusas. Palancas en reversa. Cinco. Cinco. Mujer
pepa. Mujer bonita. Mi semilla por ahí, sin encontrar quien la fecunde. Noches
en Cali, pero sin plata. Decenas de correos diseminados cual esperma. Aquí les
ofrezco mi catálogo de productos; mi dirección y mi teléfono. Ninguna carta de
intención. Prostituta sin clientela. Burócratas. Interesados. Amigos que te
quieren coger… Me dejaron plantada. Dijeron que me conseguirían trabajo y
llamarían a Bogotá para solucionar el problema de la admisión. Nada. Carita
feliz del what’s app. Un “lo siento” en visto. El plazo se acaba la semana
pasada, ¡ah, perdón! Ya se acabó.
Pailas.
Todo el mundo está feliz hasta que le tocan los huevos.
Escrito por
Unknown
7/22/2015
SEÑORES
Diario El Escéptico
Cordial Saludo.
A propósito de los hechos ocurridos el pasado 22 de lo
noviembre, en las cercanías del municipio de Virasi, Cundinamarca, quisiera comunicar
lo siguiente: El derrumbe no fue real.
Mi nombre es Oscar Eduardo Mendoza, vecino del corregimiento
Tocaví, adjunto al mencionado municipio. Mi casa se encuentra situada en la
vereda Feliz y mi vivienda descansa, curiosamente, sobre la montaña en la cual su
periódico relata que fue la causante del alud el pasado domingo “a causa de los
fenómenos erosivos que con el tiempo se trasformaron en remociones masales de
intensa magnitud”. Doña Graciela y los niños están jugando en el prado, tan
sanos y juguetones, sobre el lugar de los hechos.
Me dirijo a ustedes con el fin de solicitarles amablemente que
generen un comunicado en donde desmientan estos acontecimientos y además se
pida disculpas debido al impacto que la noticia de su periódico tuvo en nuestra
apreciada familia, así mismo por los daños y prejuicios psicológicos: el pobre
Josefino, que sufre de epilepsia, tuvo un ataque esta mañana; hemos recibido
dos visitas de la procuraduría, un geólogo, a la Vicky de RCN y a Caracol TV, y
hasta la familia de Medellín vino a visitarnos porque aquí no hay luz ni
teléfono. Pero fuera de la hernia que me acosa, todo sigue igual. Les agradezco
enormemente su preocupación y la mención de nuestra casa –“la única construida
sobre dicha montaña”–, pero le reitero que no hay derrumbe, al menos no como el
que ustedes mencionan: aquí la madera se está pudriendo, nos toca vacunarnos
cada mes y la factura de la luz nos llega como un falso positivo, pero nada
más.
Tengan ustedes un buen día y agradezco de antemano su
atención,
Oscar Eduardo Mendoza
Vereda Feliz, Tocaví, Virasi,
Cundinamarca